La solidaridad en la familia

La solidaridad en la familia

Como todos los valores y buenos hábitos, la solidaridad nace y se aprenden en el seno de la familia. Este valor asociado con la generosidad y con la cooperación se manifiesta principalmente con un interés genuino por el otro, por medio de acciones concretas.
La solidaridad no solo implica apoyar al otro y demostrarle mi ayuda hacia su necesidad, sino también un nivel de empatía con su dolor o carencia. Es por eso que la familia es el lugar indicado e ideal para comenzar a practicar este valor. Lo primero es dar un buen ejemplo. Papá y mamá son los responsables de mostrar a sus hijos cómo ser solidarios con los demás.
Otro aspecto importante para fomentar la solidaridad es aprender el valor del servicio. En los encargos que asignamos a cada uno, radican oportunidades únicas para poder sentir el gusto de cooperar con los otros. Por otro lado, practicar deportes en equipo también es una buena forma de aprender sobre la solidaridad. Al ir creciendo, nuestros hijos se convertirán en adolescentes y luego en jóvenes. Las oportunidades de ser solidarios irán apareciendo fuera de casa y en la comunidad. Es ahí donde se verán los frutos de lo que hemos cultivado desde niños.
La solidaridad, en el servicio y la empatía de las cosas pequeñas, ayudará a alejar el egoísmo y el egocentrismo que tanto bombardea a esta generación que actualmente estamos formando.

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