Mamá ¿Cómo lo haces?

Mamá ¿Cómo lo haces?

Los hábitos son conductas que repetimos de forma constante y que son parte de nuestra vida cotidiana. De esta manera, luego de un tiempo, los hábitos se vuelven automáticos. Los hábitos que nos ayudan a tener una vida ordenada y orientada a cosas buenas se convierten, con el tiempo en virtudes. La virtud se opone al vicio, y tiene una gran importancia para la vida ética.

Como mamás, tenemos un gran reto y una aventura maravillosa que día con día pide de nosotros un trabajo tanto interno como externo. Por lo que es muy importante darse una pausa de vez en cuando para analizar en nuestra mente y corazón, cómo estamos viviendo esta etapa de nuestra vida. Hay algunos hábitos que pueden ser de utilidad para trabajarlos y seguirte construyendo en virtudes a través del regalo y don de maternidad.

Hábito 1. Valorarse como madre

En ocasiones puede pasar, que al ver a nuestro alrededor, nos encontramos con mamás que parecen tener el mundo arreglado, que todo les sale perfecto, que según lo que podemos observar, tienen relaciones casi perfectas con marido e hijos, salen a tiempo con todas las labores del hogar, trabajan y también terminan a tiempo todas las actividades. Y para ponerle una cereza al pastel, siempre se ven perfectamente arregladas en su físico. Pareciera que nos hubiéramos saltado las clases sobre cómo lograr esos niveles de perfección. Podría pasarnos que nos decepcionemos y empecemos a pensar que nuestro valor como madres se reduce.

Para reconocer mi valor como madre debo antes reconocer mi valor como persona. Por muchos años la competitividad a nuestro alrededor nos ha hecho creer que somos valiosas únicamente dependiendo de nuestras capacidades y logros, mientras más éxito logramos entonces somos más valiosas. Esto es un ERROR. Quiero contarte la buena noticia que tú eres maravillosa y valiosa, así como cada ser humano en esta Tierra. Fuiste creada y enviada a este mundo con una misión importante que sólo te corresponde a ti.

Hábito 2. Cuidar las amistades

Las personas somos por naturaleza seres sociales, necesitamos unos de otros. En el caso de las mamás siempre es muy valioso tener esas buenas amigas que se convierten en parte de nuestra familia. No estamos hablando de cantidad sino de calidad de amigas. Es impresionante ver como entre las amigas surgen recomendaciones de libros, doctores a visitar cuando alguien está enfermo, pueden darse algunos tips de cosas que les han funcionado en las labores de casa o para el cuido personal.

A medida que nos acercamos a la edad madura, si contamos con una tribu que ha visto a nuestros hijos recuperarse de la varicela, elegir universidades, incluso casarse, estará con nosotros cuando tengamos que buscar enfermeras para ayudarnos a cuidar a nuestros papás enfermos, podremos apoyarnos unas con otras y eso siempre es algo muy bueno.

Hábito 3. Valorar y practicar la fé

A pesar de que a veces quisiéramos controlarlo todo, es importante reconocer que somos seres limitados. Y como madres esto es a veces más difícil, ante la enfermedad de un hijo, ante dificultades económicas, problemas de pareja, pérdidas de empleo o cambios grandes e importantes. Todos creemos en algo, lo importante es preguntarse a sí misma: ¿En qué -o quién- creo y confío yo? Conociendo esta respuesta, entonces puedo tomar fuerzas para seguir haciendo lo que me compete a mí, y confiando en ese Ser Superior

Hábito 4. Dejar de competir

Si hemos hablado previamente que cada persona es valiosa y maravillosa, ¿Por qué comparamos y competimos? En un torneo deportivo está maravilloso competir, buscar ese premio. Pero no en todos los momentos es bueno hacer eso. Todas las madres competimos de alguna manera con otras madres, algunas lo disimulamos mejor que otras y a algunas nos pasa más y a otras menos. Pero, si realmente queremos llevar una vida sana, más feliz, es importante darnos cuenta cuando esto se esté volviendo muy recurrente, si en mi corazón está esa comparación constante

Hábito 5. Tener una relación sana con el dinero

Lo difícil de ser madre es que dar es bueno y natural, pero a veces nos olvidamos de dar lo que realmente es importante para nuestros hijos (nuestro tiempo, atención y afecto), y, en lugar de eso, gastamos nuestras energías en comprarles cosas. Lo hacemos porque pensamos que tienen más importancia para su éxito que nosotras. No es que nuestras motivaciones estén equivocadas; simplemente están orientadas en la dirección incorrecta.

Estamos convencidas de que procurarles casas más bonitas, colegios, ropas, profesores particulares, clases de piano, etc., nos hace mejores madres. No se trata de una convicción consciente; es más bien una sensación inconsciente que dirige toda nuestra acción educativa. La buena noticia es que podemos cambiar. No tenemos que dejar de gastar dinero en nuestros hijos, pero podemos dejar de evaluar nuestro mérito como madres por las cosas materiales que les proporcionamos. Esta es la verdadera libertad.

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