Las bases de la educación de la voluntad

Las bases de la educación de la voluntad

El ejemplo ha sido y sigue siendo necesario en una buena educación, sino no es posible educar bien. El mejor ejemplo es que nuestros hijos vean que nos esforzarnos por ser mejores. Cuando toda la familia lucha por mejorar, con los mismos objetivos se hace teoría z, y es el mejor ejemplo. Los hijos aprenden de lo que hacemos, somos sus principales modelos.

Son testigos de todo lo que hacemos, saben que sus padres tienen defectos y se equivocan, ¿cómo contrarrestar ese mal ejemplo? El ejemplo más importante que unos padres pueden dar a sus hijos es que nos vean luchar por ser mejores personas.

Además de un ejemplo bueno y constante, los padres deben aprender a educar por medio de los estímulos idóneos y a tiempo. Es nuestro deber conocer a nuestros hijos, gustos, aficiones y forma de pensar, para saber orientarlos y acompañarlos de la mejor manera.

Los encargos

Está claro que ser más agradable convivir con personas que ayudan en las distintas tareas de la casa, no sólo por deber, sino por un sentido de responsabilidad adquirido libremente.

Los niños deben incorporarse desde los seis años a las ocupaciones de la casa eligiendo sus encargos ellos mismos, con ayuda de los padres cuando sea necesario. Los encargos no sólo sirven en función de la eficacia, sino también en función de la autodisciplina y la integración de cada persona en el grupo familiar. Así que los padres no deben olvidarse de que ellos también tienen que encargarse de cosas concretas.

En la realización de los encargos los niños pueden aprender a tomar decisiones y a responsabilizarse de las consecuencias. Los padres deben promover esta capacidad en todas las ocasiones que se les presente: en la manera de gastar su dinero; en la manera de trabajar; en la selección de los programas de televisión que quieren ver; etc. Cuando vean que la decisión está equivocada, una actitud adecuada de comprensión y de exigencia a la vez les llevar a plantear la cuestión de un modo similar a… ¿sigue adelante si quieres, pero ¿has pensado…?” La toma de decisiones en el grupo familiar se puede conseguir más eficazmente en un “consejo de familia”. Se puede tratar cualquier tema, fijar metas y encargos, y perseguir los objetivos que los padres tienen pensado, tales como el orden, la puntualidad, etc.

Se trata de que los hijos sepan realmente que se espera su entusiasta colaboración en muchas tareas del hogar, procurando que esa espera se traduzca en realizaciones diarias. Incorporar a cada hijo en las responsabilidades de la casa es ayudarle a tener seguridad en sí mismo. Es el camino más directo para que llegue a ser autónomo; para que desarrolle su propia personalidad, tome buenas decisiones por si mismo en un futuro.

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