Las razones de su comportamiento

Las razones de su comportamiento

Es muy común escuchar sobre los “terribles dos”, pero no siempre se mencionan los retos que pueden encontrarse a los 3, 4 o 5 años de nuestros hijos.


En la medida que estemos más preparados y conozcamos sobre el tema, podremos comprender a nuestro hijo/a, saber manejar los momentos difíciles, y aprovechar también mucho mejor los momentos maravillosos.

Las rabietas o berrinches son una fase común y natural en el desarrollo de niños y niñas y dan comienzo hacia los 18-24 meses de vida, pudiéndose prolongar más allá de esos años.

Es muy importante esta etapa del desarrollo pues permite que tu hijo/a aprenda a tener una buena gestión de sus emociones. A tu hijo le será mucho más fácil durante toda su vida, si empieza a poner las bases desde la infancia.

¿Cómo es usualmente un niño o niña a esta edad?

El niño de 4 años es más independiente. Es capaz de controlar su cuerpo de una mejor manera. 

Le gusta sentirse parte de las tareas domésticas y es capaz de ocuparse de sus propias cosas, como limpieza de sus dientes, manos y cara. Se relaciona de forma espontánea y natural con sus amigos.

A esta edad el niño presenta una inestabilidad en sus emociones. Llega a reír y llorar sin aparente motivo y se le nota desafiante, al querer tomar sus propias decisiones y proceder a su modo.

Es un momento de desafíos, tanto para el niño como para sus padres. Mamá y papá ven florecer ante sus ojos a su bebé y convertirse en niño grande.

Esto implica soltar un poco, para que pueda ser independiente y al mismo tiempo mostrar paciencia y control de la situación. Su curiosidad y búsqueda de respuestas es un claro ejemplo de que está cambiando su forma de ver el mundo y su modo de pensar.

Las metas equivocadas

Ante las rabietas, gritos, faltas de respeto, indiferencia, falta de colaboración… Es muy importante saber que no todo es lo que parece sino que hay un mensaje oculto detrás del «mal comportamiento» de tu hijo/a. Alfred Adler y Rudolf Dreikurs, los psicoterapeutas que iniciaron lo que hoy se conoce como Disciplina Positiva, decían que todos los seres humanos nos movemos por un propósito: la conexión. Todos necesitamos sentir que pertenecemos, que importamos, que se nos quiere y que somos significativos para un grupo, una comunidad o una familia.


Cuando un niño tiene un «mal comportamiento», nos está diciendo que necesita «algo» (al igual que los adultos). Si esa actitud no deseada es recurrente, es porque el niño ha encontrado que con esa acción es tomado en cuenta.

Los niños más pequeños necesitan que se les haga caso, y prefieren la atención negativa a la ausencia de atención. Lo que debemos hacer entonces los adultos es tomarnos la situación como lo que es: una invitación para aprender a responder al mensaje oculto (ser tenido en cuenta) y no al mal comportamiento (el llanto, en el ejemplo anterior).

Otras herramientas para acompañarlos en esta etapa

1. Trata de ser un modelo a seguir. Nunca olvides que eres un referente para tus hijos, haz tu mejor esfuerzo a la hora de manejar la frustración o las tensiones del día a día. En caso te suceda que un día no logres controlar bien una emoción, aprovecha la oportunidad para enseñar a tus hijos que todos nos equivocamos y tenemos la oportunidad de hacerlo mejor. 2. Fomentar el diálogo. Trata de conversar con tu hijo/a. Aprovecha que sus habilidades del lenguaje son mejores a esta edad, para hablar con él y explicarle, una vez que se ha calmado, qué es lo que ha sentido y que, aunque estemos enfadados, no podemos hacer daño a otros.

3. Ten paciencia y constancia. Observa a tu hijo/a para comprobar qué necesita cuando tiene un berrinche. Seguramente en esta etapa ya has probado distintas estrategias para calmar la explosión de tu hijo. Sigue atento, se paciente y trata de ser constante. 4. Capta su atención con una tarea. A esta edad empiezan buscan ser cada vez más independientes, vestirse solos, lavarse los dientes, comer… Aprovecha esto para proponerle a tu hijo/a una tarea que pueda distraerlo con algo interesante, en lugares donde sabes que puede presentarse un berrinche.

5. Darle tiempo. En ocasiones es mejor darle a tu hijo un poco de tiempo y espacio para calmarse y no confrontarle con regaños y explicaciones excesivas. Una vez se haya calmado, podrás hablar al respecto. 6. Darte un tiempo a ti. Aunque no siempre es fácil, es muy importante que los adultos mantengamos la calma. Respira hondo, da un traguito de agua y si lo necesitas (y es posible) retírate un momento para gestionar la situación con más tranquilidad.

7. Enséñale otras formas de calmar su enojo y frustración ante un berrinche. Hay varias formas en las que podemos enseñar a los niños a calmar su enojo, algunos ejemplos son: Enseñarles a poner el nombre de la emoción. La mejor estrategia es que puedan hablar de cómo se sienten, para que eso les ayude a calmar. Hacer alguna actividad favorita como pintar, bailar o cantar una canción, jugar con una pelota, correr en un lugar seguro y supervisado, entre otros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *