El poder de pedir perdón a nuestros hijos

El poder de pedir perdón a nuestros hijos

Todas las familias pelean. Las diferencias son parte de las relaciones humanas, el problema surge cuando los pleitos no se platican ni se resuelven y se convierten en sentimientos con una carga negativa, que derivan en resentimientos y provocan distanciamiento familiar.

El perdón no es un sentimiento sino un acto de voluntad. Es una actitud, pues nosotros decidimos cuándo queremos perdonar. Este acto es parte de un proceso complejo, que no implica que seamos indiferentes ante el problema o estemos de acuerdo con la ofensa, más bien que renunciamos a lo negativo y al resentimiento.

“Disculparnos ante nuestros hijos lo consideramos en ocasiones como falta de autoridad o debilidad. Sin embargo, lejos de ser eso se trata de la actitud más eficaz para enseñarles que no debemos temer a los errores, que nosotros también nos equivocamos y que reconociéndolo podemos buscar alternativas” Elena Roger Gamir, Pedagoga.

Debemos pedir perdón cuando voluntariamente actuamos de forma incorrecta o cuando sin pretenderlo nuestro comportamiento o palabras han causado daño a otros, principalmente cuando los ofendidos son nuestros hijos. Es importante que tratemos de solucionar el problema, tratando de restituir la ofensa o el mal que hemos producido, debemos arrepentirnos y dar a conocer nuestra intención de no volver a cometer el mismo error.

Las tres R's para recuperación de errores

Los errores son un rasgo humano. Según la Disciplina positiva, los errores son oportunidades de aprendizaje. Esto aplica tanto para los padres como para los hijos. Si reaccionamos positivamente ante un error propio, nuestros hijos aprenderán a que no es malo equivocarse, sino, al contrario es una ocasión oportuna para autoevaluarse, enmendar y pedir perdón, si es necesario.

Pero ¿Cómo actuar con los hijos ante un error? Proponemos utilizar las tres Rs de la recuperación de errores. Estos pasos se implementan después de haber cometido un error con nuestro hijo:

1. Reconocer el error. Es normal equivocarse, perder la calma y la paciencia de vez en cuando. Es de valientes aceptar que no reaccionamos de la mejor manera, que existen otras formas mejores y más constructivas de enfrentar los retos.
2. Reconciliarse. Busque pedir disculpas, si es el caso. Empatize sus sentimientos con los de su hijo. Muéstrele comprensión y amor.
3. Resolver juntos, buscando una solución respetuosa al problema.

Estos simples pasos harán que los niños no teman equivocarse, ni tampoco temerán a su reacción cuando hay un desacuerdo. Ambos saldrán fortalecidos y su relación no se dañará, a pesar de los retos.

Es muy importante que aceptemos las equivocaciones, esto no solo sana la relación con nosotros mismos y nuestros hijos, sino que les damos un buen ejemplo en el manejo de emociones y resolución de problemas.

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